viernes, noviembre 29, 2013

Breves relatos



Nuestra “Caja de la Escritura” se ha llenado durante este mes de pequeños relatos. Muchos son los participantes en esta actividad “De treinta en treinta”. El próximo mes ya diremos de qué va…




jueves, noviembre 28, 2013

Arturo y el mendigo




 Arturo, un señor de unos cincuenta años, bajo, regordete y con barba, se dirigía a casa con su coche ya entrada la noche cuando se encontró, en medio de la carretera., a un señor mayor que parecía un mendigo. Frenó el coche con rapidez y le preguntó qué le pasaba. El hombre le entregó un libro y desapareció en la oscuridad de la noche. Arturo, confuso, se metió en el coche con el libro y siguió su camino. Ya en casa echó un vistazo al escrito. Se trataba de un libro muy antiguo de casi seiscientos años que estaba en otro idioma.

Al día siguiente, Arturo llevó el libro a un especialista, que se quedó paralizado al verlo.

-¡Qué tiene usted, madre mía! ¡Es valiosísimo!, dijo el especialista.

-¿De veras? ¿Cuánto puede valer?, dijo Arturo.

- ¡Más de un millón de euros!, gritó el especialista.

Arturo salió de la tienda. Pero cuando iba a coger el coche, un hombre con un cuchillo le gritó: ¡Dame el libro ahora mismo o te mato! Asustado, Arturo salió corriendo con su coche. De camino volvió a encontrarse con el mendigo. El hombre tiró una llave y volvió a salir corriendo. En la llave se podía leer: HACIA EL NORTE DEBERÁS IR PARA EL TESORO ENCONTRAR, NECESITARÁS ESTA LLAVE, UN RARO COLLAR Y EL LIBRO EL REY MORAT. Arturo siguió hacia el norte siguiendo las indicaciones, pero entonces escuchó un coche que le seguía. Pudo distinguir al hombre que le había atacado antes y a otros tres más. Paró el coche, y salió corriendo. Ya en el bosque volvió a encontrar al mendigo que le dijo:

-Ven rápido conmigo, te siguen.

Arturo aunque algo desconfiado, le siguió hasta una gran roca en la que había una cavidad para meter la llave y otra para meter un colgante.

- Meta su colgante y la llave, también debe leer la segunda página del libro, dijo el mendigo.

- ¡Ah! para eso me querías... Lo haré, dijo Arturo.

Este empezó a leer. Cuando acabó, una puerta se abrió en la enorme roca. Dentro había un cofre. Los dos cogieron el cofre y se fueron de allí. Entonces el mendigo, se quitó la ropa, que en realidad era un disfraz. Arturo se quedó paralizado. Entonces el señor dijo:

- En realidad no soy un mendigo. Me llamo Matio Hulkey y soy el director del museo más importante de Londres.

- ¿De verdad? Dijo Arturo.

- Sí y el tesoro es suyo, pero ahora me gustaría pedirle que me lo dejara prestado para exponerlo en mi museo.

- Claro que sí. Será un orgullo para mí, respondió Arturo.

Desde entonces, los dos son grandes amigos y Arturo, siempre que puede, le visita. A él y a su tesoro.
IGNACIO IGLESIAS, 6ºA

lunes, noviembre 25, 2013

Un buen escarmiento



Hace muchos años, un hombre muy anciano que estaba a punto de morir le dijo a su hijo Álex que todas sus riquezas estaban escondidas en el cráter de un volcán inactivo que estaba en una isla que descubrió cuando era marinero. Le pidió que fuera a buscarlas y que las repartiera entre él y sus dos hermanos. Se lo había pedido a Álex porque era su hijo más valiente y responsable. Otro de los hijos de aquel hombre se llamaba Samuel y era muy avaro. Se enteró de que Álex iba a repartir las riquezas entre los hermanos y fue tras él porque quería que todas fueran suyas. Cuando Álex llegó a la isla y escaló el volcán, vio que su hermano Samuel estaba cogiendo los tesoros de su padre, pero en lugar de quitárselos, decidió darle un escarmiento. Bajó de la montaña sin que Samuel  se enterara y subió al barco para colocarlo detrás de un acantilado, y así no se veía desde la playa. Cuando su hermano bajó del volcán y no vio el barco, se asustó mucho y se puso a gritar pidiendo socorro. Entonces Álex sacó el barco de su escondite y bajó a la playa y Samuel corrió a abrazarle y le dijo que nunca más volvería a robar nada y que repartiera el tesoro entre los tres hermanos. Desde aquel día, todos vivieron muy felices para siempre.
Andrea Domínguez, 6º A